El objetivo de la lectura del texto bíblico es llegar a cada persona que nos oye. No olvidemos que se trata de comunicar una buena noticia. Es hacer entender la revelación de una verdad. Descubre la importancia y relevancia que tiene esa palabra para tí y para el que la escucha. Es una oportunidad para abrir al diálogo a tres bandas (Dios, tú y los que escuchan), con renovada fuerza. inspira, transmite las razones desgranando la verdad que encuentras en el mensaje, analizando la Palabra con entusiasmo. No tengas miedo a comunicar con toda la potencia que eres capaz ese momento de revelación personal de lo que has aprendido leyendo el texto. No le quites la fuerza a la Palabra de Dios.

Cada Texto bíblico tiene una forma que corresponde a la intención que tuvo el que la escribió.

A veces quiso explicar, narrar un contexto y ofrecer una solución, por lo que deberemos mostrar y despertar la pasión por conocer.

Otras veces el texto bíblico provoca una actitud a quien lo oye para movilizar, exhortar, avisar, amonestar y tendremos efectivamente que usar toda nuestra gracia y nuestra técnica de lectura para que se asimile la necesidad de cambio a mejor.

Otras veces el texto profundiza para ensalzar, alabar la belleza de una acción, con lo que se debe mostrar la pasión y la paz que transmite la belleza.

  1. Mensaje o imagen

Cada texto bíblico explora un mensaje general, que es el que genera la forma y el estilo con el que se escribe.

Es útil identificar los diferentes conceptos escritos para que se entienda el mensaje principal, y enfatizar en grados distintos cada uno de ellos para que no pierda el sentido.

A veces el mensaje irá al principio del primer bloque como aviso, otras en el segundo o en el bloque del medio a modo de mensaje central del texto o a veces en el tercer bloque, como “remate”, al final. Otras veces el mensaje se repetirá con ejemplos distintos.

Recordar que somos capaces de transmitir sensaciones porque hay palabras que nos sugieren imágenes que llegan poderosamente a nuestro corazón, bien porque las hemos vivido o las hemos recordado o nos gustaría vivirlo. Busca al leer, que cada imagen que te sugiere el texto la transmitas con toda su belleza y esplendor.

  1. Ritmo

Como en música, busca en el texto bíblico las frases, los períodos, las secciones y los movimientos.  Porque los paréntesis y frases que veas con guiones o encomillados al inicio y al final, acostumbran a querer provocar un diálogo entre el lector y el feligrés. Son los apartes del teatro que nos acercan y crean un fuerte sentimiento de comunidad tan necesario en la sociedad que vivimos. No los desaproveches. Los signos ortográficos y las repeticiones te llevarán a un ritmo intrínseco que formará parte del estilo y que te indicará la forma de decirlo, pero no es lo mismo escribirlo que leerlo en voz alta. A veces un tren de pensamiento no acaba en un punto y aparte.

  1. Bloques de intenciones, mensajes o pensamientos

Identifica los diferentes bloques de intenciones o pensamientos para comunicar con eficacia el texto bíblico.

Separa las frases por su intención en distintos bloques, independientemente de su puntuación. El texto ha sido escrito para ser entendido al leer en voz baja, en meditación y otras veces se ha pensado el texto para provocar una reacción, siendo estos últimos más claros al ser leídos.

En los textos largos y complicados, busca y compara la fluidez del Texto bíblico al separarlo por bloques de intención, marcando una pausa después de cada bloque para dar tiempo a asimilar la información, para sugerir al oyente la reflexión sobre lo dicho y para introducirle el próximo pensamiento.

  1. Palabras difíciles. Ponerse en el sitio del oyente.

Son palabras difíciles:

  1. las que crean rechazo a los no creyentes
  2. las que han perdido el significado
  3. las que son difíciles de comprender
  4. las que son difíciles de pronunciar

Ponte en el sitio del oyente y mastica cada palabra difícil, conviértela en sugerente, como un reclamo, para que despierte sus ganas de conocer su significado. Nunca intentes barrer la palabra difícil debajo de la alfombra.

  1. Estudia el efecto e impacto de las palabras. Señala el mensaje central e importante

Puedes enfatizar el sentido cuando:

  1. Elevas la voz en la frase
  2. La conviertes en pregunta
  3. Ralentizas la frase o el concepto para comunicar su importancia
  4. Provocas una pausa antes o después de la palabra o concepto
  5. Repites la palabra
  6. Miras a un oyente

Elige cómo quieres enfatizar el mensaje para comunicarlo con la mayor eficacia.

  1. Trabaja en tu dicción.

Lee la palabra paseando, para descubrir su fluidez. Repite ejercicios de dicción para que la lengua sea flexible y el mensaje fluído. Diez minutos al día, es bastante, usa tu tiempo espiritual diario para entrenar los músculos del habla.

  1. No leas de prisa NUNCA el texto bíblico

Da tiempo para la reflexión. Las pausas ayudan al oyente a encontrar el sentido cuando parten de la voluntad en comunicar.

  1. Diálogo. Mirada.

Levanta los ojos del texto para contactar visualmente con la persona que te escucha, para crear un diálogo con cada uno de ellos. Mírales para comunicar. Espera su reacción. Es muy importante que se sientan interpelados, que se sientan necesarios en el momento de la lectura.

  1. Comprueba si al final de la misa alguien ha retenido el mensaje que has leído. Explícale tu intención, el sentido y relevancia que el mensaje ha iluminado en tu propia vida al estudiar el texto en tu lectura. Muestra sin vergüenza el momento relevante, la fuerza que te ha dado cuando has descubierto el mensaje que has leído.